La campaña La tierra es nuestra representa un intento por acercar la realidad de los pueblos indígenas con los que trabajamos a la sociedad civil valenciana. Denunciando los ataques que sufren sus territorios y sus recursos naturales, pero también mostrando las alternativas que ponen en marcha para su defensa y su gestión sostenible.
Os proponemos que nos acompañéis en este camino, que participéis en las actividades programadas y que compartáis con nosotras puntos de vista, debates y alternativas. Y que nos impliquemos juntas en la construcción de soluciones.
Aproximadamente 3.000 millones de personas en todo el mundo viven en las áreas rurales.
Son quienes nos alimentan, quienes mantienen la masa forestal, quienes cuidan de la biodiversidad y quienes contribuyen de manera decisiva a la viabilidad de la vida en el planeta. Pero cada día, muchas de ellas están siendo expulsadas violentamente de sus tierras, empujadas por un proyecto global de desarrollo que se basa en el beneficio económico inmediato y en la mercantilización de la realidad.
El dinero frente a la vida. “Porque los dioses no comen ni gozan con lo robado y cuando nos dimos cuenta, ya todo estaba acabado” América Latina es la región que presenta la distribución más desigual de la tierra en todo el mundo. Los pueblos indígenas que allí habitan (alrededor de 50 millones de personas) son uno de los colectivos humanos que en mayor medida sufren esta violencia, en forma de persecución política, represión, cárcel, asesinatos, masacres e incluso genocidios. Los megaproyectos hidroeléctricos, extractivos y viales, la producción de biocombustibles a gran escala y el turismo masivo, han desplazado a las comunidades y han destruido su tejido social. Además de causar daños irreversibles al medioambiente y esquilmar los recursos naturales de los que dependen sus vidas.
“¿Qué sería de todos ustedes si nosotros no hiciéramos salir el sol todos los días?” Aún así, estos pueblos continúan protagonizando una resistencia que dura más de 500 años, siendo capaces de construir una alternativa de vida respetuosa con el entorno, la Madre Tierra y las comunidades vecinas. Y con el resto de sociedades del mundo. Es precisamente en sus territorios donde se mantienen las principales bolsas de diversidad biológica, donde se produce una buena parte del oxígeno que respiramos, donde el planeta entero encuentra un asidero para seguir vivo.
“Detrás de nosotros, estamos ustedes” También en el Norte, el modelo de desarrollo impuesto por la globalización ha tenido un impacto particularmente grave en las comunidades rurales y campesinas. Sufrimos los mismos problemas, con los mismos causantes, que nos sitúan ante una crisis energética, alimentaria y medioambiental sin precedentes. Que han causado la destrucción de nuestros territorios y el despojo de nuestros bienes naturales. Por eso necesitamos volver nuestra vista hacia el Sur. Escuchar las palabras que caminan de los pueblos indígenas. Y asumir que nuestro futuro es compartido, que nuestro planeta es uno, y que es intercambiando saberes y prácticas que podemos construir una realidad más digna. Porque la tierra no es de ellos. La tierra es nuestra
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